En la casa de Helios, dios del sol y el más poderoso de los titanes, nace una hija. Pero Circe es una niña extraña, no poderosa, como su padre, ni tan seductora como su madre. Al recurrir al mundo de los mortales en busca de compañía, descubre que sí posee poder: el de la brujería, que puede transformar a los rivales en monstruos o animales y amenazar a los propios dioses. Zeus, no contaban con su astucia, percibe el peligro y la destierra a una isla desierta, donde perfecciona su oficio oculto, domestica bestias salvajes y se cruza con muchas de las figuras más famosas de toda la mitología, incluido el Minotauro, Dédalo y su hijo Ícaro, la asesina Medea, y, por supuesto, el aventurero Ulises.
En los días antiguos, cuando los dioses caminaban sobre la Tierra y el destino de los hombres se tejía en los cielos, Andrómeda, hija de la reina Casiopea, fue condenada por la soberbia de su madre. Casiopea había osado jactarse de que su belleza superaba a la de las Nereidas, ninfas del mar y favoritas de Poseidón. Ofendido por tal insolencia, el dios de los mares envió a Cetus, un monstruoso ser marino, a devastar las costas del reino de Etiopía. Desesperados, el rey Cefeo y Casiopea consultaron al oráculo, quien dictaminó que la única forma de apaciguar la furia del dios sería sacrificar a su hija Andrómeda, atándola a una roca en la orilla del mar como ofrenda a Cetus.
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