En el corazón de la Ciudad Eterna, se alzaba el mercado de esclavos más grande y temido de todos: el Mercado de Esclavos de Roma. Aquí, entre las columnas de mármol y las estatuas de dioses olvidados, los destinos de hombres y mujeres se entrelazaban en un baile macabro de poder y sumisión.
Indudablemente, pocas figuras de la mitología griega han dejado una huella tan profunda en el inconsciente colectivo como la de Prometeo. Este titán inmortal no solo desafió a los dioses, sino que también se convirtió en símbolo de la curiosidad y el ingenio humano, dominando nuestro imaginario colectivo al reflejar el eterno dilema sobre los riesgos y beneficios del progreso científico y técnico. Su historia representa la esencia del sacrificio en favor de la humanidad, una imagen que ha perdurado durante siglos.
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