Un día, el dios Apolo, embriagado por su propio orgullo y recientemente victorioso sobre la serpiente Pitón, se encontró con Eros, el dios del amor. Apolo, en su arrogancia, se burló de Eros y de sus flechas, diciendo que sus propios logros eran mucho más grandiosos.
Sin embargo, mi felicidad se truncó cuando Pigmalión, cegado por su deseo de riquezas, asesinó a mi amado esposo para apoderarse de su fortuna. Fue un golpe devastador. La sombra de la desesperación me envolvió, y me di cuenta de que mi vida en Tiro ya no era segura.
Aquel día, sin embargo, algo diferente estaba en el aire. Había rumores y susurros por doquier. La noble Lady Godiva, la esposa del conde Leofric, estaba planeando algo increíble. Su fama de ser una mujer justa y compasiva era conocida por todos, y yo, como muchos en el pueblo, la admiraba profundamente.
En su viaje a través del Infierno, Dante Alighieri, guiado por el poeta romano Virgilio, se adentró en las profundidades de los reinos infernales. Cada círculo del Infierno revelaba un nuevo y escalofriante castigo, pero fue el Segundo Círculo, reservado para los lujuriosos, el que dejó una impresión indeleble en su alma. Tras atravesar el Limbo, donde residían los no bautizados y los virtuosos paganos, Dante y Virgilio llegaron al Segundo Círculo del Infierno.
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